
| Servicio de acogida y apoyo a las familias con hij@s LGTB |
| Telf. 696.241.680 |
| ampgyl@ampgyl.org |
ENTENDER LA HOMOSEXUALIDAD
Concepto de homosexualidad, bisexualidad y asexualidad
La homosexualidad es la orientación afectiva-sexual de las personas que se sienten atraídas por personas del mismo sexo. Es un impulso que nace y sale de dentro sin que se haga nada para dirigirlo en un sentido o en otro. Tú no puedes decir un buen día al levantarse por la mañana: “Hoy me enamoraré de la persona que se siente a mi lado en el autobús”. El amor es un sentimiento innato, se puede expresar más o menos, pero no lo puedes evitar.
La bisexualidad es la orientación afectiva-sexual de las personas que se sienten atraídas por personas de ambos sexos.
La asexualidad es la orientación afectiva-sexual de las personas que no se sienten atraídas por ninguna persona. Hay quien considera también asexual las personas que se enamoran de otras personas pero no tienen deseo sexual o las que no se enamoran pero si que tienen deseo sexual.
Así como no elegimos el sexo, tampoco podemos elegir la orientación afectivo-sexual. Por tanto, no podemos seguir considerando la homosexualidad, la bisexualidad o la asexualidad una perversión, sino que las debemos considerar una variante de la orientación afectiva-sexual.
Afinidades y similitudes entre heterosexualidad y homosexualidad, bisexualidad y asexualidad.
Hoy en día, se puede afirmar científicamente que, desde el punto de vista funcional, la homosexualidad, la bisexualidad, la asexualidad y la heterosexualidad tienen más puntos de semejanza que de diferencia. Por lo tanto, objetivamente, no hay una orientación mejor que la otra. Simplemente hay una variante de funcionamiento.
Cuando nos planteamos el hecho de las diferentes opciones de orientación afectiva-sexual a partir de los casos que llegan a la consulta clínica, a medida que nos adentramos en el problema de estas personas y en el sufrimiento que muchas evidencian porque ni se comprenden a sí mismas ni son comprendidas por su entorno familiar o social, no podemos quedarnos indiferentes.
Los esquemas cambian, cuando nos damos cuenta que lo importante no es que ante nosotros tenemos un homosexual o bisexual o asexual, sino que tenemos una persona que siente la orientación afectiva-sexual de una manera diferente de como la siente la mayoría.
Puedo decir lo mismo que dijo el psicólogo, sexólogo, médico y sacerdote francés Marc Oraison: "Ya no puedo pensar de la misma manera que al principio".
La homosexualidad, la bisexualidad y la asexualidad: un hecho real universal.
La homosexualidad, la bisexualidad y la asexualidad no es ni anormal ni antinatural, y tampoco es en sí misma una psicopatía. Por tanto, ya es hora que se deje de considerar como una enfermedad, como lo ha hecho la OMS (Organización Mundial de la Salud) que en 1993 formaliza su exclusión de la lista de enfermedades. El problema ocurre cuando se trata, no tanto de pretender modificar la conducta homosexual, bisexual o asexual de un individuo, como de ayudarlo para que se acepte y asuma su realidad con paz y equilibrio interior.
Esta dificultad se debe al miedo a lo desconocido. El peso de la tradición y de la cultura victoriana que todavía se hacen notar demasiado.
Romper esquemas sobre la no heterosexualidad.
Hay que romper la concepción falsa que todos los que no son heterosexuales son gente pervertida y obsesionada por el sexo. Se ha dado un estereotipo demasiado radicalizado del hecho homosexual, bisexual o asexual. Culturalmente, en la sociedad, pesa este modelo de conducta denigrante. Esto no hace justicia al gran número de personas no heterosexuales sanas, respetables, dignas, serias y equilibradas. Demasiado a menudo, los homosexuales, los bisexuales y los asexuales los consideran personas enfermas y desequilibradas afectivamente y emocionalmente. Y eso no es cierto.
La mayoría de la gente confunde la orientación afectiva-sexual con las prácticas sexuales, cuando son dos cosas completamente diferentes.
Se han hecho estudios que demuestran que hay el mismo porcentaje de personas emocionalmente sanas y equilibradas en grupos no heterosexuales que en grupos de heterosexuales. Homosexualidad, bisexualidad, asexualidad y patología no son términos sinónimos.
Hay una gran similitud entre los no heterosexuales y los heterosexuales. Lo que pasa es que siempre se ha juzgado demasiado a partir de modelos heterosexuales. Se debería reconocer que lo que tiene valor de supervivencia en un contexto heterosexual puede ser perjudicial en un contexto homosexual, bisexual o asexual y viceversa.
Los mecanismos que ligan a la vida los hombres y las mujeres heterosexuales no deberían ser utilizados como modelos para juzgar el grado de adaptación de los que no son heterosexuales.
La persona homosexual o bisexual también es capaz de amar.
¿Hay siempre amor, en las relaciones heterosexuales?
Presuponer que sólo en la heterosexualidad hay una verdadera relación humana, en estos momentos, es un error grave. Marc Oraison niega que la homosexualidad no pueda haber una auténtica relación afectiva y que la relación afectiva sea exclusiva de la heterosexualidad.
La normalidad de la homosexualidad, bisexualidad y asexualidad es una cuestión cultural.
Según Marc Oraison "Toda cultura se fundamenta en una cierta representación del hombre y de sus reacciones con el entorno, y quien no se ajusta a esta representación es considerado anormal.Sin embargo, esta ley cultural es normativa, es decir, imperativa: hay que ser normal para encontrar un lugar en la cultura en cuestión ... Según esta perspectiva exclusivamente cultural, es evidente que el hecho homosexual, bisexual o asexual se trate de diferentes maneras según las culturas ... Según esta perspectiva cultural, el término normal es, pues, esencialmente relativo a unas concepciones variables ".
Ser homosexual, bisexual o asexual no es una tara.
La orientación homosexual, bisexual o asexual no disminuye el valor humano de la persona, ya que los valores humanos no dependen de la heterosexualidad, sino del conjunto de los niveles integradores del individuo.
Es cierto que el hecho de ser homosexual, bisexual o asexual supone para muchas personas una dificultad frente a la sociedad, pero de ninguna manera es una tara.
La aceptación de la homosexualidad, bisexualidad o asexualidad es puramente cultural y no moral. La homosexualidad, la bisexualidad y la asexualidad es sólo "un hecho" de la vida que hay que acoger, comprender y aceptar. No se puede juzgar ni considerar como una falta, un pecado o un vicio.
El homosexual, el bisexual y el asexual es una persona.
Los homosexuales, bisexuales y asexual son verdaderamente como las otras personas.
Ante esta realidad, la única alternativa posible es un cambio de mentalidad.
No etiquetar a nadie por el hecho de no ser heterosexual.
Es muy importante que vayamos viendo la realidad. No se puede etiquetar a nadie por su orientación afectiva-sexual, porque si ponemos etiquetas a las personas no heterosexuales, también deberían llevar las que son heterosexuales. La etiqueta margina y desvalora. No podemos humillar ni encasillar a nadie por su orientación afectiva-sexual.
A menudo, se juzga a los homosexuales, bisexuales y asexual con estereotipos y prejuicios, sin tener en cuenta que son personas normales, pero con una orientación afectiva-sexual diferente de la de la mayoría. Ante esta realidad humana deberíamos tener una actitud respetuosa: ni riéndose ni aplaudir, sino acoger, comprender y amar.





